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Prontuario: Jorge Guldenzoph Núñez

De integrante de la UJC a colaborador. De colaborador a torturador y violador. De violador a Agente de Inteligencia. ...

23 de septiembre de 2018

Crónicas: Murales de la memoria


Un 24 de Febrero de 1950, nació en Minas departamento de Lavalleja, Uruguay, Carlos Alfredo Rodríguez Mercader. Hijo mayor de Alfredo Rodríguez Luciani y de Amalia Mercader Arrien, hermano de Zolinda. Esposo de  Ivonne Trías Hernández.
Maestro técnico (profesor de Mecánica) egresado del INET (Instituto Normal de Enseñanza Técnica) en 1971.
Militante de la corriente histórica de la FAU-OPR-ROE hasta 1975 y del PVP a partir de entonces.
Detenido-Desaparecido en Buenos Aires el 1 de octubre de 1976.


Así fue como hicimos el mural del Rescate 
a Carlos Alfredo Rodríguez Mercader


Hace 4 años comenzamos a implementar la modalidad de Murales de la memoria que se realizan como parte de las actividades comprendidas dentro de los Rescates. Los murales tienen como objetivo testimoniar en algún lugar significativo de la historia del compañero o compañera a Rescatar, una marca de memoria de quién fue, lo que pensaba y el porqué hoy no está.

Los murales de la memoria, son creaciones de confección colectiva, donde se jerarquiza la participación.

El sábado 22 de Setiembre, realizamos el mural en el marco del Rescate a Carlos Alfredo Rodríguez Mercader, docente de UTU, militante anarquista de FAU, OPR33 y PVP, desaparecido en Argentina el 1º de Octubre de 1976.

La primera definición importante a la hora de hacer el mural, como en todos los Murales de la memoria que hemos hecho, fue la elección del lugar. Cosa nada sencilla ya que existen varios requisitos que el muro debe cumplir: que se encuentre en una zona de relevancia en la historia del compañero/a a Rescatar, que sea un muro que se pueda pintar sin mayores reparos, que en el lugar elegido estén dadas las condiciones para que el mural pueda perdurar en el tiempo y en menor grado la visibilidad del mismo.

En el caso de Carlos Alfredo se manejaron varias posibilidades: frente a la UTU donde trabajó, cerca de la casa en donde vivió en Nuevo París y otros más que se fueron descartando por no cumplir alguna o varias de las premisas necesarias. Finalmente nos decantamos por un muro de una pensión en Minas y San Salvador, a una cuadra de la UTU Central, lugar donde se colocó una placa en homenaje al compañero.

Desde el momento en que elegimos el muro y fuimos entrando en contacto con los vecinos/as del barrio nos dimos cuenta de que fue una elección acertada.

La segunda definición fue el proyecto del Mural, tratamos de buscar un diseño que se integrara a la fachada, con una distribución del color y la forma que permitiera ser resuelto con cualquier nivel de destreza para la pintura.

El tercer punto es la infraestructura material, la disposición de las herramientas de pintura y la preparación del color al alcance de todos, junto a una referencia impresa del proyecto final. Para que esto sea posible, la diagramación base y los trazos guía se diagraman en una jornada previa con ayuda de un proyector digital.

Desembarco en Palermo.

El sábado, a las 11 en punto arrancamos con el mural, y fuimos gratamente sorprendidos por la reacción de los vecinos que se fueron acercando de forma constante desde el inicio hasta el final de la jornada.

Los primeros en acercarse fueron unos vecinos que no solo nos felicitaron por lo que estábamos haciendo, sino que además de sumarse a pintar el mural con nosotros, nos trajeron sillas y una escalera. También se acercaron varios compañeros y compañeras que por diversos medios se enteraron de la actividad y en seguida se pusieron manos a la obra. Eso pasó durante las cuatro horas y media que llevó pintar el mural, compañeros/as que se iban y otros que venían y entre medio los vecinos saliendo, sacando fotos, felicitándonos, preguntándonos sobre quién era Carlos Alfredo, agradeciéndonos por embellecer el barrio, ofreciendo sus casas por cualquier cosa que necesitáramos, y sobre todo comprometiéndose a cuidar el mural.

El tiempo también acompañó la movida, a pesar del calor y la pelusa de los plátanos, tuvimos sombra al arranque y cuando parecía inevitable que tuviéramos que pintar bajo sol abrazador, empezó a nublarse pero sin soltar ni una gota de lluvia. Sobre las 15:30 terminamos de pintar el mural, seguía sin llover y así se mantuvo hasta 10 minutos después de habernos ido del lugar.  

Como corolario simbólico de la jornada en determinado momento, una mariposa se posó sobre un pincel mientras pintábamos, buen augurio de una jornada llena de solidaridad, compañerismo y buena onda.

El sábado, de pronto nos quedó más claro que si están en nuestra memoria son parte de esta historia.






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