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Prontuario: Jorge Guldenzoph Núñez

De integrante de la UJC a colaborador. De colaborador a torturador y violador. De violador a Agente de Inteligencia. ...

30 de septiembre de 2018

Memoria: Carlos Alfredo Rodríguez Mercader


Esta es la historia de Carlos Alfredo, un docente de UTU, un militante anarquista, un ingeniero de la resistencia. Una historia contada por aquellos y aquellas que lo conocieron, que compartieron su vida y su lucha. A través de relatos, cartas y testimonios se fue rescatando poquito a poco quién fue Carlos Alfredo Rodríguez Mercader. Una historia de amor y revolución en tiempos del Plan Cóndor.



Santa Lucía.

Carlos Alfredo vivió en Minas hasta los 7 años. Luego la familia Rodríguez Mercader se trasladó a Santa Lucía, Canelones, donde Carlos Alfredo y su hermana Zolinda cursaron primaria, secundaria y UTU. Su madre, Amalia Mercader, fue directora de la Escuela Industrial de Santa Lucía y su padre, Alfredo Rodríguez, agrimensor militante del Movimiento Izquierda Revolucionaria (MIR).

Nacido en el seno de una familia de laburantes, simpatizantes con las ideas de izquierda, Carlos Alfredo se fue formando en esa cultura de solidaridad, en una casa de puertas abiertas que influyó para que desde muy joven se integrara a las luchas sociales de la época, reivindicaciones y protestas obreras, movilizaciones estudiantiles. Todo esto fue una constante en su vida que lo llevó a comprometerse en niveles más altos de confrontación directa.

Quienes lo conocieron lo recuerdan como un enamorado de la vida, sencillo, metódico, creativo, inventor.

"Siempre andaba haciendo malabares y cosas. Todo le gustaba, jugaba al fútbol, bailaba, hacía aviones, todo lo que se le ocurría hacía. Era audaz para pasar los límites. Su vida fue corta, pero intensa. Le encantaba la música, el baile, los Beatles, pero zapateaba y era bueno
Zolinda Rodríguez Mercader

Andaba siempre haciendo avioncitos con madera de balsa. Le encantaba, jugaba con ellos como si fuera un niño
Violeta Mallet

Carlos Alfredo era un técnico muy talentoso con una afición particular: el aeromodelismo. Los inofensivos avioncitos hechos con palitos delgados dieron paso a artefactos sofisticados capaces tanto de lanzar volantes en lugares precisos como de ejecutar otras proezas útiles a la causa.



El comienzo

En el año 1968 con 18 años se va para Montevideo e ingresa a la Facultad de Ingeniería y al mismo tiempo cursa la Escuela Superior de Mecánica  en la UTU. Obtuvo el título de profesor de Mecánica en el Instituto Normal de Enseñanza Técnica. En 1971 se desempeñó como maestro de tornería mecánica en la Escuela Industrial de Piedras Blancas. Formó parte del gremio de Funcionarios de UTU (OMTUTU).

Carlos Alfredo militó en los gremios estudiantiles en secundaria y UTU. En 1969 fue detenido en dos oportunidades por Medidas Prontas de Seguridad (MPS), en el marco de movidas estudiantiles. La segunda vez fue remitido al cuartel de San Ramón. Durante esta detención, Carlos Alfredo conoce a Alberto "Pocho" Mechoso, militante de la Federación Anarquista Uruguaya (FAU). En ese encierro ambos compartieron debates sobre la situación del país, de la lucha, de la estrategia política. Así fue forjándose primero una relación de confianza que terminó en una gran amistad.

Al salir en libertad formó parte de un grupo de amigos entre los que se encontraba Ivonne Trías Hernández, con quien se casaría poco tiempo después. En ese grupo discutían la situación del país y las distintas opciones de militancia. Ninguno dudaba de la necesidad de actuar, solo había que decidir desde qué filas. Evaluaron las distintas propuestas existentes: Partido Comunista, Movimiento de Izquierda Revolucionaria, Tupamaros y Federación Anarquista Uruguaya. Tras mucha discusión optaron por sumarse a la FAU.

Santana

En 1970, luego de varias charlas, finalmente ingresa a FAU, y posteriormente se incorpora a la Organización Popular Revolucionaria 33 orientales (OPR33), aparato armado de la FAU que llevó adelante una serie de acciones: sabotajes, expropiaciones económicas, secuestros de empresarios patronales particularmente odiados por el pueblo, como también apoyatura armada a huelgas y ocupaciones de fábricas. Es ahí cuando a Carlos Alfredo lo bautizan como “Santana”, nombre con el cual será conocido en su militancia.

El año 1971 tuvo todo el carácter de un año electoral y el gobierno devolvió la legalidad a los grupos ilegalizados en 1967 por publicar en Época su acuerdo con las tesis revolucionarias de la OLAS. Entre esos grupos estaba la FAU.

E periódico Época reapareció el jueves 7 de diciembre de 1967 con un editorial de adhesión a la tesis revolucionaria de la OLAS y, en sus páginas centrales, publicó el “Acuerdo“, un manifiesto que define a la publicación “como una proyecto común de los partidos y agrupaciones definidos expresamente dentro de las coordenadas revolucionarias mayoritarias de dicha conferencia (la de la OLAS).

La decisión de volver o no a la legalidad fue compleja para esta organización: cómo distribuir sus fuerzas entre la actividad pública de masas y la conformación de una organización capaz de resistir la ineluctable represión con la consigna de “hacer durando y de durar haciendo”. Ese sector, de carácter clandestino, era la OPR33 y allí actuó Carlos Alfredo.

“APRETESIS”


El 29 de diciembre de 1970 pensábamos realizar una acción un “secuestro”. La “víctima” era un oscuro personaje, admirador del dictador Francisco Franco, cotizante de la JUP y poseedor de una abultada cuenta bancaria. Se trataba del  rematador Pedro R.Core.

Pero hubo fallos en el relevamiento del lugar y el conserje del edificio denunció “movimientos raros”. La zona era muy sensible, con la Bolsa de Valores, corazón de las actividades financieras, en las calles Rincón y Misiones. En lugar del “candidato” nos esperaba una ratonera, montada por el Departamento 4 de Inteligencia, con el apoyo de una unidad de la guardia Metropolitana.

Allí todo se complica.  El “Perro” Washington Pérez abandona su rol de estanciero que viene a comprar un terreno y recupera el de agitador sindical.  Con su famosa voz, a gritos, empieza a denunciar el atropello, montado, según él, por la patronal de FUNSA. Me acusa de provocador y me quiere pegar. Yo, que estaba mejor vestido, portando un gran portafolio lujoso, le contesto con autoridad: ¡“Cállese la boca!  A usted yo no lo conozco”.

A Soba lo habían detenido en el pasillo, separado de nosotros.

Al peladito Rodríguez Mercader, pintún, con cara de niño bien, lo traen del bar de la esquina donde estaba  hablando por teléfono.  Nos mira con desprecio e increpa al conserje que lo acusaba.

Selva, la “dama” de la banda, tiene un aspecto burgués con su fina peluca rubia. Quejándose con voz suave es la imagen misma de la inocencia. De pronto veo a Plomito, con su traje beige recién estrenado, atrás de los tiras, como uno más. Estaba aprovechando nuestra “representación teatral” para mimetizarse. Los de la Metropolitana, que venían a enfrentar un asalto, desentonaban con sus armas largas y en la calle, con el tránsito interrumpido, había una muchedumbre de gente bien vestida que quería saber qué pasaba.

Al sentarse en la “chanchita”, entre empujones, el Perro aprovechó para dejar al costado del asiento el revólver 38 largo que traía envuelto en un diario. El Plomito ya había dejado su cuchillo en la escalera. En medio de los gritos de los policías meto dentro del maletín un 32 corto que tenía en la cintura. No nos habían cacheado de armas.

Me acuerdo que después, en el entierro de Heber Nieto, me encontré con Ivonne y Rodríguez Mercader, caminamos juntos una pila de cuadras. El Peladito nos dijo: “Te vi cuando te sacaste el fierro de la cintura y ¡creí que ibas a tirar! Pero  lo metiste en el portafolio y es increíble que ningún botón de la metro te viera”.  “Con el revólver en la cintura se me caía el verso”, le dije.

Chacho


Amor y Revolución

En 1970 Carlos Alfredo e Ivonne decidieron casarse. Les dieron fecha para el 24 de diciembre, todo estuvo listo para ese día: las invitaciones, la fiesta de bodas, los regalos. En la noche del 23, horas antes del casamiento, el padre de Carlos Alfredo anunció que no iba a firmar porque no quería “ser cómplice del apresuramiento juvenil”, “porque primero hay que recibirse y tener solvencia”. Como Carlos Alfredo e Ivonne eran menores de edad (para contraer matrimonio la mayoría de edad era de 21 años) y don Alfredo no apareció por lo que no pudieron casarse. Era tarde para avisar a los invitados de modo que la fiesta se celebró igual pero no hubo  boda.

Días después Carlos Alfredo fue detenido por el Departamento 4 de Inteligencia luego de la acción contra la firma Pedro R. Core. Dado que dicha acción no se consumó y que ninguno de los detenidos reconoció intenciones delictivas, el juez ordenó la libertad por falta de pruebas. Pero Carlos fue internado en el CGIOR bajo MPS. Cuando su padre quiso visitarlo en el cuartel Carlos Alfredo puso como condición que primero firmara para que pudiera casarse. Don Alfredo no tuvo otra que aceptar. El 31 de enero Carlos Alfredo recuperó la libertad y cuatro días después, el 4 de febrero de 1971, se casó con Ivonne.

En 1972 la pareja se muda a una casa en Adolfo Vaillant y Carlos de la Vega (Nuevo París), que tenía en el frente un gran cartel de Dardo Ortiz, del Partido Nacional. Allí vivieron como una gran familia con Adalberto Soba, su compañera Elena Laguna, los hijos de ambos y con Telba Juárez.

"A nosotros nos movía el amor, el amor a los compañeros, el amor a la revolución, y el pelado unía eso a un amor muy intenso por su compañera. Estaba profundamente enamorado. Ojalá en lo que me queda de vida me pase que alguien sienta un amor como ese por mí, y que yo lo pueda sentir." 
Violeta Mallet

La lucha se agudiza:

Desde abril de 1971 los trabajadores de la empresa Seral, en Santa Lucía, mantenían un conflicto con sus patrones, los Molaguero. A lo largo de los meses el Ministerio de Trabajo daba la razón a los trabajadores pero luego la empresa desconocía los acuerdos y todo volvía a punto cero.

En ese marco la FAU consideró necesario un apoyo logístico al sindicato. Se resolvió detener a un miembro de la patronal para presionar una solución al conflicto. Si bien esta organización no era partidaria de desatar una ofensiva armada en el país, entendía que el estancamiento de un conflicto tan prolongado y dañino para los trabajadores requería un apoyo externo.

El 11 de mayo de 1972 varios grupos de la OPR33 detuvieron en Paso Margat a Sergio Molaguero y presentaron a la empresa Seral un pliego de condiciones para su liberación. Pero la situación nacional había cambiado. En mayo de 1972 las Fuerzas Conjuntas habían desbaratado gran parte del Movimiento de Liberación Nacional, incluida la Cárcel del Pueblo, y aconsejaron a Hugo Molaguero que no negociara con los secuestradores de su hijo.

Aún así, Sergio Molaguero fue retenido hasta que la empresa accedió a los requerimientos de la OPR33. El 10 de Julio de 1972, el gobierno aprobó la Ley de Seguridad del Estado y el Orden Interno. Molaguero fue liberado el 19 de julio.

En Agosto el Ministerio de Defensa Nacional, Servicio de Información de Defensa (SID), Departamento III solicita captura de Carlos Alfredo por ser integrante de la OPR33. El mismo mes las Fuerzas Conjuntas informan que integró el grupo que secuestró al industrial Sergio Molaguero. El 5 de agosto fue detenida su compañera Ivonne Trías. Carlos Alfredo se mantuvo clandestino en el país varios meses.

Ya en octubre la militarización del país dejaba poco margen para dudar de un inminente golpe de Estado. En ese contexto la FAU-Resistencia Obrero Estudiantil (ROE) decidió que los militantes requeridos por las Fuerzas Conjuntas (mayormente eran quienes desempeñaban tareas en la OPR33) se trasladaran hacia Argentina. Así lo hizo Carlos Alfredo. Meses después se fueron también su cuñada Cecilia Trías con su compañero Washington Cram.

Ingeniero de la resistencia.

“Había 2 equipos, en uno el responsable era Mechoso, y en el otro Roger Julien. En el equipo de Roger fue en el que estábamos con el Pelado, se le llamaba el Politécnico porque todos éramos de distintos oficios y fundamentalmente en todo ese periodo, si bien es un grupo de acción, estuvo más vinculado a lo técnico, hicimos berretines, documentos falsos, explosivos automatismos para explosivos etc, algunas cosas se hicieron y se usaron y otras se investigaron para hacer. Hicimos doble fondo para vehículos, uno de esos se usó para el atentado de Punta del Este.” 
José Imaz

El exilio fue muy activo pero doloroso. Activo porque la preparación del Congreso –cuya realización se había decidido años antes– era muy exigente: había que elaborar documentos, presentar ponencias, estudiar, pero también había que realizar todas las tareas necesarias para asegurar la infraestructura y la seguridad de los participantes. Carlos Alfredo participó activamente en todas estas actividades preparatorias.

Pero el exilio era también doloroso porque la familia y los compañeros habían quedado en Uruguay donde se cerraba sobre la población una dictadura cada vez más violenta. En marzo de 1974 un rescate de diez millones de dólares por el empresario lanero, barraquero y exportador Federico Hart permitió resolver una parte importante de los problemas de infraestructura.

Mientras se realizaban los preparativos de secuestro a Hart (operativo en el que tuvo papel activo) Carlos Alfredo planificaba la fuga de Ivonne. Era algo que lo tenía muy preocupado, hasta ya tenía varios posibles planes y un equipo de compañeros para ello. Y es como dice uno de sus compañeros, Zelmar, “la libertad de Ivonne la tenía metida en el corazón

Entre 1972 y 1976 Carlos Alfredo inventó también decenas de trucos para burlar la censura de la cárcel y comunicarse con Ivonne, pero su ambición era usarlos para liberarla.


1975, PVP

Argentina, refugio de los perseguidos de Uruguay y Chile, se convirtió rápidamente en una trampa mortal.

En febrero de 1976 se inició “la campaña Alejandra”, un esfuerzo por retomar los vínculos con los militantes sindicales, estudiantiles y cooperativistas de Uruguay. Desde febrero de 1975 el gobierno argentino había encomendado a las Fuerzas Armadas la lucha antisubversiva, con la consigna de «aniquilar el accionar de los elementos subversivos». Y lo hicieron.

Ya antes del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 habían desaparecido en ese país los uruguayos Darío Goñi Martínez, Washington Barrios Fernández, Natalio Abdala Dergan, José Luis Barboza Irrazábal, Eduardo del Fabro de Bernardis, Juan Micheff Jara, Wiston Mazzuchi Frantchez y Nebio Ariel Melo Cuesta.

A lo largo del mes de abril de 1976 secuestraron en Argentina a Ary Cabrera Prates, el «Brasilero», sindicalista del gremio bancario e integrante del PVP; a Eduardo Trinidad Espinosa; a Telba Juárez y Eduardo Chizzola. El 19 de abril apareció el cadáver de Telba, en el barrio de Barracas. Telba había vivido en la misma casa montevideana en la que vivía Carlos Alfredo.

Así siguió la cacería de militantes revolucionarios organizados en Buenos Aires. Ya Argentina no era el refugio al que los latinoamericanos perseguidos habían acudido. Los extranjeros exilados o refugiados corrían la misma suerte que los argentinos. La concertación represiva para obtener, intercambiar y ordenar la información de inteligencia sobre izquierdistas, anarquistas, comunistas, marxistas, trotskistas y guevaristas para eliminar sus actividades en Sudamérica fue el Plan Cóndor.

En junio fueron detenidos decenas de militantes y entre ellos a la dirección del PVP. Se formó una nueva dirección que también cayó detenida y luego otra de emergencia. Un informe elaborado en agosto decía: «El golpe ha sido grave en cantidad y calidad. Cerca del 50 % de los compañeros participantes en el Congreso han sido sacrificados. De la casi totalidad no se ha logrado saber ningún detalle, ni en qué estado se hallan, ni dónde se encuentran, ni si están muertos o vivos. En otros casos, su muerte está confirmada”.

Los ciclos de recomposición y destrucción de direcciones del PVP eran cada vez más rápidos y tras la detención de Roger Julien –junto a su compañera Victoria Grisonas y sus hijos Anatole y Victoria– Carlos Alfredo asumió su función.

Los operativos de cacería en el marco del Plan Cóndor, fueron efectuados por comandos de una coordinación represiva integrada por la Policía Federal, la banda de Aníbal Gordon y militares uruguayos. Los últimos estaban comandados por el mayor JoséNino Gavazzo del Servicio de Información y Defensa (SID) y en la coordinación con Argentina operaron los oficiales Manuel Cordero, José Arab, Jorge Silveira, Gilberto Vázquez, Luis Maurente, Eduardo Ferro y Ernesto Ramas; con los policías lo hicieron Ricardo Medina y José Sande, además de un grupo de soldados.

Sueño de libertad

Además de la libertad de Ivonne, otra de las grandes preocupaciones de Carlos Alfredo era la libertad de sus compañeros y compañeras que iban desapareciendo. Liberarlos lo sentía como una “deuda moral”.

“En Buenos Aires le pregunté a Gerardo si el Pelado andaba bien y me dijo que Rodríguez Mercader había propuesto un plan para que Ivonne se fugara. El Pocho Mechoso lo alentaba. Hacia el final de sus días estaban planificando la toma de Orletti para liberar a los presos, junto a Roger, Pocho, el Plomito y otros compas de Chola”
Chacho


Después de que caen varios compañeros, el responsable que se hace cargo de lo que quedaba del equipo es Mauricio y le planteamos insistentemente que había que hacer algo y él nos planteo que los Monto le habían pasado la información de que tenían el dato de donde podría estar Orletti. Queríamos rescatar a los compas, ya había sido público la foto de Gerardo, ya estaba la extorción al PVP para liberar a los compas de Orletti y nos propone hacer una serie de relevamientos de información en un boliche donde paraban los botones. Hacemos relevamiento 3 compañeros y ahí vamos varios días hasta que se quema porque los milicos se dan cuenta. A  partir de que se cae la forma de recabar información, de que los hechos siguen su curso y siguen cayendo compañeros ya no hay más tiempo ni infra para nada”.
José Imaz


La cacería.

El último encuentro con su madre, Amalia: “Me dijo que no le dijera absolutamente nada a nadie”. Y cierta vez escuchó la voz de Carlos, que la llamó a Montevideo. “Mi hijo me dice: ‘Mamá, como la otra vez, no digas a nadie, mirá que la situación está peor que antes. Pero vení. Espero, te espero. Venite pero no digas nada a nadie’. Nos encontramos. No sé si era la una o dos de la tarde. Y lo que me va quedando es lo que me había dicho en la conversación: que no hiciera ningún gesto, que no caminara hacia él, que me quedara quieta. Si pasaba cerca mío y se iba, era porque no me podía ver. Me había dicho: ‘Si me vigilan no te saludo’. Bueno, cuando me vio, cruzó la calle y me dio un beso que nunca me voy a olvidar.” No se vieron más que un momento. “Me dijo que me volviera. Me pidió por favor que me cuidara, que la cuidara a su hermana y que no fuera a actuar en política.”

En setiembre hubo otra tanda de secuestros y desapariciones de militantes del PVP en Argentina.

El 28 de setiembre Cecilia Trías, cuñada de Carlos, y su compañero Washington Cram fueron secuestrados probablemente en la calle o en un bar de Juramento y Ciudad de la Paz. La pareja tenía un bebé que había quedado al cuidado de su abuela Irma, madre de Cecilia.

Carlos Alfredo fue al domicilio de la pareja, en Morón (Vicente López 2273), para avisarle a su suegra que Cecilia y Washington habían sido detenidos y que era necesario que ella se fuera de inmediato con el bebé antes que llegaran los milicos. La ayudó a salir y ocultarse. Irma, tras varias peripecias, logró volver a Uruguay con su nieto.

“Yo creo que el Pelado ya pensaba que iba a caer,  porque me pidió que encontrara un lugar para ubicar a la madre de Ivonne y a Marcos (el hijo de su cuñada) y que la ayudara a que pudiera safar”
José Imaz


La desaparición.

El 1 de octubre Carlos esperaba en un bar con otros compañeros la hora para entrevistarse con Carlos Goessens (el Karateca), un miembro del PVP que fue informante de los militares. En ese momento no se sabía el papel de Goessens pero Carlos Alfredo vio algo raro y le dijo a sus compañeros que se quedaran en el bar mientras él se acercaba al punto de contacto. Mientras caminaba hacia allí fue secuestrado.

Ese día secuestraron en distintos operativos  a otros seis militantes.

“En ese momento había un montón de caídas y se perdían los contactos establecidos, entonces se salía a trillar en los lugares comunes para ver si se establecía nuevos contactos, cosa que justamente facilito las caídas.
El Kara era del otro equipo de acción,  y lo que el Pelado nos cuenta es que se encuentra con el Kara y establecen un contacto. Se fija un encuentro en un boliche pegado a la Gral. Paz. Ese día nos trasladamos los tres en un Jeep y nos quedamos al otro lado, a dos o 3 cuadras de Gral. Paz. Nos sentamos en un boliche, tomamos un café y cuando se aproximaba la hora decimos: “vamos” y ahí el Pelado dice “mejor quédense, porque no estoy seguro” y bueno nos quedamos Álvaro y yo el jeep queda estacionado y el Pelado se va caminando y a partir de ahí no volvió más , nos quedamos un rato en el boliche y luego nos fuimos, esa noche me voy al taller por si por unas de esas aparece, pero no vuelve, me voy del taller y cuando paso por la zona veo que la camioneta sigue ahí en el lugar… fue solo un palpito que tuvo que nos salvo la vida, porque hubiéramos caído los 3
José Imaz


Hasta el día de hoy sigue desaparecido.





Segundo vuelo de la muerte


El 5 de octubre un «segundo vuelo» clandestino de la Fuerza Aérea uruguaya trasladó desde Argentina a Uruguay a 22 detenidos. Negado durante años, este vuelo fue confirmado el 8 de agosto de 2005 en el informe de la Fuerza Aérea al gobierno uruguayo. El vuelo del DC-47 fue piloteado por el mayor Walter Pintos. El comandante que voló también ese día —aunque no lo recuerde— fue José Pedro Malaquín.


Según el periodista Roger Rodríguez, una fuente militar asegura que todos los pasajeros del segundo vuelo de Orletti fueron trasladados desde el aeropuerto en camiones del Ejército y, luego, llevados en el micro del Servicio de Material y Armamento (SMA) al centro de torturas 300 Carlos, adjunto al Batallón 13, donde se les conocía como «los del ómnibus». Allí, según la fuente del periodista, permanecieron vivos un mes antes de ser ejecutados en forma masiva.


*Esta recopilación de memorias sobre la vida y la lucha de Carlos Alfredo Rodríguez Mercader son una síntesis de una serie de entrevistas mantenidas con sus familiares y compañeros de militancia.



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